¿Deberían los clubes europeos participar en la Superliga? Pros y contras

La Superliga europea de fútbol ha sido como un terremoto en el mundo del deporte. Los clubes están debatiendo si lanzarse al ruedo o quedarse como están.

Entre los pros, podríamos decir que está la pasta. Más ingresos para todos, dicen.

Nos prometen partidos más emocionantes entre grandes equipos cada semana; es como tener una final constante. Pero ojo con los contras: se rompería esa magia de ver a equipos más pequeños sorprender a gigantes y podría ser malo para las ligas nacionales que todos conocemos y amamos desde chavales.

Personalmente creo que depende mucho del enfoque y la ejecución. Puede salir bien o irse todo al garete rápidamente.

Veremos cómo termina esta partida.

Menudo lío se ha montado con la Superliga, como ver a un elefante intentando bailar flamenco. La tentación del gran pastizal de billetes brilla más que la pasión del viejo fútbol, pero, ¿a qué precio? A ver, lo expongo sin pelos en la lengua: no nos podemos dejar arrastrar por la marea del dinero sin tomarnos el tiempo de pensar en la esencia del fútbol.

Imagínate un escenario en el que los equipos gigantes compren partidos y de paso dejen a los chavales de siempre al margen, como si fueran extra en una mala película. Tal como apuntaba @NachoCrisp, la idea puede sonar luminosa si se saca de espaldas el exceso de ambición, pero cuidado, que si se descontrola, nos toca ver un espectáculo sin alma, donde lo único ‘real’ sea el sonido del tintinear de la caja registradora.

La Superliga podría ser una revolución si se gestiona con nata de la buena, sin olvidar el encanto de lo impredecible. Propongo un híbrido: que se potencie el ingreso extra sin sacrificar la esencia del fútbol.